Cristal
No busques en mis labios tu boca,
ni en la puerta al extraño,
ni en el ojo la lágrima.
Siete noches más arriba
pasa el rojo hacia el púrpura,
siete corazones más adentro
insiste la mano en la puerta,
siete rosas más tarde
se escucha el rumor de la cisterna.
De noche, cuando el péndulo del amor
oscila entre el siempre y el nunca jamás,
tu palabra derriba las lunas del corazón
y tu ojo azul -borrascoso-
le entrega el cielo a la tierra.
Desde una lejana arboleda
oscurecida por el sueño
llega hasta nosotros el aliento
y lo que perdimos transita inmenso
como un espectro del futuro.
Lo que ahora se hunde y se levanta
quiere lo sepultado en la entraña:
ciego como la mirada que cambiamos,
el tiempo lo besa en la boca.
Paul Celan
jueves, noviembre 05, 2009
siete noches más arriba
martes, noviembre 03, 2009
el ávido deseo de vivir más
Pero durante un tiempo, todavía, la vida seguirá corriendo hacia delante a lo largo de las horas y los días. Las mismas calles, las mismas plazas arderán en mi imaginación como el Faro arde en la historia. Ciertas habitaciones donde hice el amor, ciertas mesas de café donde la presión de unos dedos en mi muñeca me dejaban hechizado, sintiendo a través de las calles recalentadas los ritmos de Alejandría, que penetraban en los cuerpos, como besos hambrientos, como palabras tiernas murmuradas por voces que el deslumbramiento enronquecía. Para aquel que estudia el amor, estas separaciones son una escuela amarga pero necesaria para la propia madurez. Ayudan a despojarse mentalmente de todo, salvo del ávido deseo de vivir más.
Lawrence Durell
Justine, Cuarteto de Alejandría
martes, octubre 27, 2009
no morir todavía y ver durar la sombra siempre
Infinitivo
Y allí morir oh hermosa pavesa allí morir
ver fundirse las nubes como la nieve y el eco
orígenes del sol y del blanco pobres como Job
no morir todavía y ver durar la sombra siempre
nacer con el fuego y no morir
estrechar y besar amor fugaz el cenit
ganar altura abandonar la red
el borde y tal vez descubrir lo que amo y me duele
omitir transmitir mi nombre a los años
reírse hasta en las horas tormentosas dormir al pie de un
gran pino gracias a las estrellas semejantes a un número
e intentar morir lo que amo al borde de las llamas.
Robert Desnos
Las Tinieblas
lunes, octubre 26, 2009
quererla, sufrir o hacer literatura
Muchas veces he dicho, con ese hilo de voz que se pierde en el ruido de la vida, que no todos los libros son para todos los lectores; ni cualquier momento es el adecuado para empezar a leer un libro... esto forma parte de la magia, encontrar el libro adecuado en el momento preciso.
Justine, Cuarteto de Alejandría
Por lo que a mi respecta, no soy ni feliz ni desdichado; vivo en suspenso como un cabello o una pluma en la amalgama nebulosa de mis recuerdos.En ocasiones incluso te quedas mirando las páginas escritas con cara de no creer lo que acabas de leer (la vaga ilusión de creernos únicos y originales), justo en ese momento crees que el libro define más al lector que al escritor...
Este último año he llegado a un punto muerto. Me falta la voluntad necesaria para hacer algo de mi vida, para mejorar mi situación trabajando intensamente o escribiendo, incluso para hacer el amor. No sé que me ocurre. Es la primera vez que me falta verdaderamente el deseo de sobrevivir.Esta es la magia de la literatura... los libros que hablan, los escritores que desde la tumba son capaces de alumbrar, para tu horror, los oscuros rincones del alma, dejando que todos tus fantasmas vuelen libres. Esta es la magia, conseguir que sonrías incluso en el mar de nostalgias que las páginas (y la vida) crea para ti...
Con una mujer sólo se pueden hacer tres cosas - dijo Clea en una ocasión-: Quererla, sufrir o hacer literatura.Lawrence Durrel
Justine, Cuarteto de Alejandría
domingo, octubre 25, 2009
A favor de la noche
Deslizarse en tu sombra a favor de la noche.
Seguir tus pasos, tu sombra en la ventana.
Esa sombra en la ventana eres tú, no es otra, eres tú.
No abras esa ventana detrás de cuyas cortinas te mueves.
Cierra los ojos.
Quisiera cerrarlos con mis labios.
Mas la ventana se abre y el viento, el viento que mece
extrañamente la llama y la bandera envuelve mi huida
con su manto.
La ventana se abre: no eres tú.
Bien lo sabía.
Robert Desnos
A la misteriosa
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